Nashinandá, un viaje al paraíso terrenal
La primera vez que escuché la palabra Nashinandá, fue hace unos once años. Después de una larga travesia, que llevó más de 13 horas para llegar de la ciudad de México a este destino. Para mí fue escalar a la punta del cielo, a un lugar donde puedes tener de techo y de tierra firme, a nubes. Nubes que también nos acompañaron hasta Mazatlán Villa de Flores. Fue una trayectoria que partió desde el desierto sonorense, siguió en una selva, la de asfalto de la ciudad de México, y llegó hasta las cordilleras de Oaxaca, en la región que habita el gran pueblo mazateco.Un camino de terracería que te aventura entre los caminos más peligrosos, dónde a veces sólo miras un abismo interminable al lado de la ventanilla, por el otro, enormes encinos y pinos que rasguñan nubes y cielo.Y cuando no sales de estas sorpresas naturales, de repente, el camión en el que viajas, frena repentinamente, porque frente a él, se encuentra otro vehículo que viaja en sentido contrario. Fue en los tiempos en ...
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